De paseo por los alrededores de Catoira.

Un día de caminata con guias “especializados”. Los alrededores de Catoira, Bamio y la desembocadura del Ulla.
Recorrimos antiguos alfares, hornos que forman parte del paisaje pero que nadie le da mayor importancia. Oficios extinguidos hace más de 70 años. Lo bueno de los oficios antiguos es que dejan un patrimonio cultural a la vista, cosas que se pueden recorrer, ver y analizar. Hoy día cuando un artesano desaparece no quedan restos, somos gente invisible que se olvida con cierta facilidad.

En estos viejos alfares, quedan los viejos y enormes hornos de forma cilíndrica, alimentados con madera dura de combustión lenta. Basta arañar un poco la tierra alrededor de los hornos para que salgan trozos de una cerámica ahumada que debió ser bonita, como casi todo lo que se hace con barro y se cuece con fuego. Nos agenciamos una bolsa de restos de cacharros, asas, tapas, trocitos esgrafiados, algunos incluso esmaltados. Muchos trozos de esta cerámica, duermen incorporados a las raices de los árboles que mantienen las paredes del horno en pie.

Luego nos paseamos por los restos de una salazón romana, donde recogimos también trozos de cerámica romana. Y después visitamos un horno, que aún está en pie casi al margen del Ulla. Dice uno de los guías que hay otros 6. Ya volveremos a verlos, con una mochila cargada de carne y refrescos.Algunos vecinos tienen todavía algunas piezas originales de alguno de estos alfares y en algún anticuario de las ciudades cercanas se puede encontrar algún cántaro sano.

De ahí a Cedonosa, para ver el esqueleto de un industria cerámica muerta o asesinada. Pasamos también por las canteras del barro que se utilizaba para alimentar a la fábrica, cosa curiosa, canteras que no están al lado de la fábrica, sino enfrente, cruzando el río, lo que obligaba a cruzar el barro en barco. Ya nos había contado el guardia de la fabrica, como llegaba el material y como salía de la fábrica. todo esto frente a una enorme foto aérea de la fábrica antigua, antes de la remodelación.

Comimos en Casa Emilio, frente a la estación de tren de Catoira. Que no es lo que parece. Se come mejor de lo que aparenta el lugar…dice el guía, que el día que mejor se come es el día después de una boda…

 

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